domingo, mayo 08, 2005

La ultraviolencia que me mata de risa

Este semana ha sido de meterse de lleno en la peli. Como sólo he tenido un par de semanas de descanso, entre una y otra, contaba con un inicio suave, para ir acumulando fuerzas poco a poco. Pero de momento, no creo que vaya a ser posible. Estoy preparando información para los animadores, intentando controlar todos los pequeños detalles, y previendo por dónde pueden salir. No falla nunca: te crees que todo está súper claro y siempre que una persona nueva entra en el proyecto, te sale por un sitio que no esperabas. Supongo que a los directores les pasó conmigo; y ahora que en unas semanas entrarán los animadores en tromba, va a ser como cabalgar una hidra de mil cabezas. Pero en fin, es lo que odias y a la vez te gusta de trabajar en proyectos creativos de equipo.

El martes pasé a ver a Marc. Lo conozco desde que empecé en este oficio. Trabajábamos juntos en un estudio de mierda en Barcelona, junto a Mercado de Sant Antoni, y ahora decimos que aguantamos tanto allí porque nos reíamos todo el rato. Como se confirmó esa noche.

Ahora comparte un estudio en Gracia, alquilado entre un montón de amigos, y cada uno hace allí sus faenas free-lance, casi todas en el mundo del cómic. Se están preparando para la visita de unos jefazos de Marvel, que van a revisar portafolios. Ellos quieren ofrecer su trabajo en equipo, desde el lápiz de la página hasta el color final.

Hablamos de trabajo un poco ( me decían que ahora que soy director de animación, les podría conseguir algún encarguito extra, y que me parecía a los americanos de Bienvenido, Míster Marshall), y luego nos fuimos a la plaza Rius i Taulet a tomar cervezas. Conocí a un chico inglés, nuevo en el estudio, que lleva casi un año en Barcelona, y quiere trabajar en cómics. Charlamos de Londres, de cómo los dos lo añoramos, y luego me recomendó dos tebeos que están muy bien: The Ultimates, con algunos de los superhéroes clásicos treunidos en un grupo, y con ese tratamiento irónico tna chulo que tiene ahora todass las historietas de superhéroes; y Human Target, del guionista de X-tatic, un cómic que me pasó Nacho hace tiempo y que es lo más, sobre superhéroes con depresiones, y problemas de orientación sexual, y cosas de esas. En esta nueva serie, trata de un tipo que se alquila para suplantar la personalidad de alguien que esté en peligro de muerte. Hay tanta variedad de situaciones posibles, que las tramas son delirantes.

Después de tres o cuatro rondas, me fui a casa en bus. No me acostumbro a no vivir en el centro, así que he decidido que, como aquí está todo a huevo, me compro una bici plegable. Me imagino la cara de Mauro cuando lo sepa; porque sostiene que todos los barceloneses o tiene gafas de pasta ( que a veces llevo), o usan medios de transporte alternativos. Supongo que tiene razón.

El jueves tuvimos comida y reunión con el productor. La cosa se presentaba chunga, porque tiene fama de ser un ogro con los artistas, y sólo pensar en el dinero que se ahorra por aquí y por allí. Encima, el tema de mi contrato ha sido el objeto de su enésima pelea con el director artístico de la empresa, y hemos estado una semana y pico de tira y aflojas. Me sentía como si estuviera metiendo la cabeza en un partido de tenis entre dos archienemigos, con la sensación de que en una de esas la pelota me volaba la cabeza. Al final se resolvió con la propuesta más favorable económicamente para mí, pero precisamente por eso tenía miedo a cómo me iba a tratar a partir de ahora.

Fuimos con él, su empleado tiñoso que trabaja pegado a nosotros para vigilarnos mientras él está en Madrid, Víctor y Adri, los directores, Ana, la secretaria de producción, de la que me voy a acabr enamorando como siga siendo al única persona "de la pasta" que es guapa, inteligente, simpática y sabe de lo que habla, y yo. Nos sentamos a comer y empezamos a charlar. Me tocó enfrente. En algún momento, creo que mientras bebía un trago un poco demasiado largo de la copa de vino, decidí volverme loco, y soltarle todos los miedos que teníamos de cómo iba a comportarse con nosotros durante la peli, si iba a estar acusándonos de derrochones chupadelbotes que debíamos estar agradecidos de que nos pagaran por hacer algo tan pueril como dibujar, como si el concepto de cobrar mientras disfrutas ya fuera suficiente para taparte la boca frente a todos los desplantes que te pueda hacer. También le trasmití todas las frustraciones de los equipos de animadores que esperaban para empezar, con el salario que se les había ofrecido, y le arranqué un compromiso con la calidad de la peli, no sólo con un presupuesto lo más ajustado posible. Es lo que tiene trabajar con gente educada en la tradición de D´Ocón ( el perpetrador de los fruittis), que hay que reeducarlos.

Supongo que el ser el primer fichaje de fuera de la compañía para la peli, y tener la palabra Dreamworks en mi currículum debía haberme dotado de cierta aura de respeto. También creo que todas las cosas que he aprendido observando negociar a Mario me han servido de algo, porque en vez de arrancarme la cabeza, o despedirme, se rió, dijo que le gustaba que le dijeran las cosas claras, y pidió más vino. Como en las pelis. Las caras de nuestro bando pasaron progresivamente del miedo al asombro, y de ahí al relajo.

De ahí en adelante, el resto del día, de reuniones largas , funcionó como la seda. Creo que hemos conseguido cierta química con el ogro. Aunque también sé que la vida no es como las pelis, y estoy esperando la contrapartida por su parte, la súper bronca a la primera, o tenerle sobre mi hombro todo el rato. A ver...

Cuando acabamos, y se marchó, estábamos tan eufóricos que nos fuimos al Llantiol por la noche. El Llantiol es un teatro pequeñísimo del raval, donde todavía encuentras cabaret. Fuimos a ver el espectáculos de Rachel Arieff, una amiga de Ana. Fueron dos horas de monólogos y música al piano de morirte de risa. Yo pensaba que no me gustaban los monólogos de comedia; lo que pasa es que no me gusta lo que hace Globomedia.
Rachel viene de Los Angeles, y te cuenta experiencias bizarras de su vida, y toca el piano, y va vestida como salida del Rocky Horror Picture Show; es lo más!
Lo único malo es que antes del show me cambié de sitio tres veces, para buscar el mejor lugar desde donde NO te puedieran sacar al escenario, y me sacaron. Me quería derretrir, pero en el fondo me lo pasé bien. Además, me regaló una de las bragas que ha diseñado ella contra violadores. En el frontal sale su cara y pone “WELCOME TO AIDS CENTRAL” Nada que ver con El Club de la Comedia, verdad? Creo que volveré unos cuantos jueves más, y que a veces, cuando hable con el productor, llevaré bragas.

De allí había quedado con Gerard para ir al 13, pero eso ya casi es el finde, y con este post kilométrico que me está saliendo, mejor lo cuento en el siguiente.