jueves, febrero 01, 2007

Lo que son monumentos, psé, pero de garitos lo que quieras

El viernes pasado estaba comiendo con los companyeros del estudio en un restaurante italiano donde solemos ir, cuando me llamo Ana. Una amiga arquitecto, que vive en Berlín con su novio alemán. Precisamente el susodicho no estaba ese finde
-Vente pero ya, que no esta y así podemos salir de marcha. Que si no, como él no sale nunca, me quedo siempre en casa.
-Verás, no pensaba subir a Berlín este finde. Ya fui el pasado, no quiero abusar de tu casa, además, debería trabaj…
-Que te calles. Vente y salimos a cenar y por ahí, y la liamos.

A las ocho de la tarde tomé un tren, y en una hora y media ya estaba en el metro camino de su casa. Acababa de nevar, y la ciudad estaba preciosa, tan blanca.
Nada más entrar me puso una copa de blanco en la mano, mientras yo me quitaba los zapatos, me ponía unas converse ( ideales para la nieve, diciendo ella con sorna) con doble capa de calcetines, y unos pitillos, que como se parecen a los leotardos, vas más calentito.
Bajamos a cenar a un restaurante justo puerta con puerta, y que es uno de los más guays de Berlín. Es lo que tiene vivir en Oderberger strasse, ( una de las calles de moda, donde un piso de 90 metros les cuesta 700 euros al mes, y eso es caro…)tienes lo más chulo al lado del portal.
Terminamos con la cena y una botella de vino blanco para los dos, y fuimos al 8 mm, un bar donde había quedado con Duque, Mario y Natalia. Ella estaba muy atacada,porque se le habían juntado tres ex y dos potenciales en el mismo garito, que por lo visto es algo que le pasa cada fin de semana que sale, la pobre. Entre los potenciales estaba Egon, un amiguito del myspace que había viajado los 200 km que separaban a Natalia de su pueblo natal en las profundidades de la Alemania del este. Tenía 19 anyitos, con gafas, rubito y con un lazo como los de Dior de esta temporada, pero NO. Vamos, era como un pequenyo Rimbaud, pero con el nombre de uno de los cazafantasmas. Llevaba un maletín de cuero como de médico rural. Recuerda que estábamos en un bar lleno de gente, humo, copas y música. Le pregunté y me dijo que era de su abuelo, que se murió hace 5 anyos. Y como le quería mucho, siempre lleva el maletÌn con él. Era feo, pero ese era su rollo; Duque y yo estábamos muy a favor de él. Natalia bastante tenáa con esconderse en tres ángulos de visión simultáneamente.

Del 8 mm nos fuimos al White Trash, que por lo visto esá muy de moda. Era un antiguo restaurante chino reconvertido en discoteca. Reconvertido significa solamente sin las mesas,y lo demás intacto.
Como las copas son tan baratas el resto de la noche cada vez está más nebuloso. Con Ana intentaba ligar una chica inglesa que sólo la seguía y no le decía nada. Otra moderna queriendo ligar con Duque; yo me encontr de pronto con Maximilian Hecker, rollo fan. Natalia que bailaba y se escondÌa, y sólo aparecía para ligar con otro más del que esconderse luego, y Egon, con la maletita de su abuelo…
Ana, bizqueando, se retiró a las cinco y pico, y yo acabé en casa de Duque y Natalia, en Kreuzberg, de donde emergí a las 3 de la tarde del día siguiente, y sin apenas haber dormido.
Si hay algo que odio en este mundo es volver a casa de día con la cara de toda la noche y sin gafas de sol. En Berlín, con tanta nube, pensaba que eso no sería un problema, y justo el sábado hizo un sol de justicia, que encima se reflejaba en la nieve.

Llegué a casa de Ana a tiempo justo de zamparme media sartén de macarrones y sentarme con ella a ver una peli. Barridos por la marea, dirigida por Guy Ritchie y con Madonna haciendo de ella. Me habían dicho que era mala, pero no podía imaginarme que tanto. Menos mal que a la mitad ya estaba hecho una bola, sobando entre mantas.
Por la noche llegó Gill, el novio, riéndose de nuestras caras de resaca, y empezamos a preparar la cena. Me llamó Tim, un amigo alemán de Alejandro, y me propuso ir a una fiesta en una discoteca gay. La organizan una vez al mes, y es temática de deportes. En cada una de las tres plantas ponen un futbolín, un ping pong, cosas así. Prometía ser unas risas.
Luego me llamó Sandra, una companyera del estudio que pasaba el finde en la capital, y me propuso quedar con un amigo suyo, de Barcelona, que también es animador.
Y luego me llamó Duque para confirmarme que tenía invitaciones para la fiesta de la revista Vice. Era el último fin de semana de Duque y Natalia en Berlín, así que opté por quedar con ellos, y si acaso después ya vería los demás planes. Ana me decía que era lo peor, que nada más llegar a Berlín ya me estaban liando por todos lados. Y yo replicándole que lo hacía sin querer, que debe ser un talento natural para los líos, digo yo.

La fiesta era en un edifico abandonado, como casi todas. Estaba petado de modernas, por el Bread and Butter, y la música era un 25% soportable, y el resto lo peor. Pero la cerveza era gratis, y la charla en el rincón fue muy amena. Conocí a Dani y Raquel, de Barcelona. Dani busca curro de estilista y me prometió llevarme de tiendas la próxima vez que suba a Berlín. Le encantan los chicos altos y rubios, así que andaba como un ninyo pequenyo en una pastelería. Raquel nos explicó cómo son los alemanes para el sexo y el amor. Por lo visto, si sólo te interesan para un polvo, fenomenal. Pero como los quieras para algo más tienes que ir muy lentamente, respetando su tempo para que no se asusten del compromiso, y sobre todo ignorándoles de manera directamente proporcional a lo que te gusten. Vamos, decía yo, como con los de Teruel. Eso sí, seguía Raquel. Si lo consigues, son los mejores novios del mundo, carinyosos, fieles y atentos. Por los de Teruel ya no puedo hablar.

Fue todo muchas risas, pero al fin y al cabo, una vez en una fiesta de una revista de modas, y ya has estado en todas, y yo estaba hehco polvo del día anterior. El plan de casi todos era ir a otra discoteca, si acaso volver allí un rato, y luego acabar en Panorama ( Berghain) a eso de las ocho, “que es cuando se empieza a poner bien” .Berlínes muy fuerte…y yo ya no tanto, así que me marché para casa.
Al salir, a eso de las 4, nevaba mucho y muy suavemente. La ciudad entera parecía en silencio, esa cosa que tiene la nieve, y decidí ir caminado un rato hacia casa de Ana. Se veÌa todo tan bonito…

El domingo fui de brunch con Ana y Gill. Al lado de su casa hay uno enorme, con sillones, donde puedes comer todo lo que quieras por 2, 50 euros, y allí echamos la manyana, tirados.
Luego Ana y yo nos fuimos con el coche a un mercadillo. Yo quería comprar medallas militares, pero ese día había muy pocas paradas, y lo que vi no me gustó. Como los símbolos nazis son ilegales, te ensenyan las medallas de las SS como quien pasa un gramo de coca. Y te las cobran como si lo fuera!!.
De allí pasamos por la Nueva GalerÌa Nacional, un edificio precioso de Mies Van der Rohe, dimos una vuelta alrededor del edificio impresionante de la Filarmónica de Berlín ( obra de Scharoun, un arquitecto que no conocía y del que Ana me ha hecho super fan), y acabamos en el museo del cine.
Me moría de ganas de ir. El principio de la visita es impresionante, la primera sala es un camino sinuoso entre miles de espejos, así que parece que estás flotando en u espacio infinito llenos de tus clones, y desembocas en la sala dedicada a Caligari y el expresionismo alemán. Más total no se puede. Bueno, sí, porque luego viene Fritz Lang, Metrópolis, Murnau y la Dietrich. Me acordé muchísimo de Roberta.
El final es decepcionante porque de los anyos 50 hasta ahora, se lo ventila en una sala, lo que dice muy poco de la propia imagen del cine alemán.
Menos mal que luego vimos la exposición dedicada a Ray Harryhausen. Se me ponía el vello de punta de estar viendo los munyecos originales de los dinosaurios que atacaban a Raquel Welch o los esqueletos que luchaban contra Jasón y los Argonautas.

Salimos con el tiempo justo de ir a por la maleta y llegar a la estación. Por el camino de vuelta, en el vagón, estuve ojeando todas las revistas que me pimplé antes de saltar al tren: la Word ( una de las revistas favoritas de Nacho), V magazine, el New Yorker, la WAD, el ID y una nueva, HE, que es danesa y se dedica sólo a moda masculina. Está fenomenal.
Comprenderás que entre tanta tendencia europea, los recuerdos del museo del cine y las secuelas del esplendor de la noche berlinesa, llegar a la ciudad dormitorio de Halle el domingo por la noche me pareciera más deprimente que nunca…